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jueves, 21 de junio de 2018

La filosofía en la Alemania nazi; V. J. Mc Gill, 1942

Max Scheller, Martin Heidegger, Carl Schmidtt y Søren Kierkegaard
«Escuelas y movimientos

Antes de Hitler, Alemania era el foco filosófico dél mundo. Producía mucha más literatura y ejercía más influencia que ningún otro país. Desde el advenimiento de Hitler la cantidad de la producción continúa siendo impresionante, pero la calidad ha descendido catastróficamente. Casi no han sido publicados libros importantes y los movimientos más significativos fueron destruidos o asfixiados. Primero los escritores marxistas y otros influidos por el marxismo y aún aquellos intelectuales vinculados a los sindicatos o al movimiento liberal reformista, fueron perseguidos y silenciados. Más tarde la persecución se extendió. Aun las escuelas filosóficas apartadas de la política sufrieron las consecuencias.

Así el positivismo lógico, o el empirismo lógico, como se le llama ahora huyó de Berlín en 1933, de Viena en 1938, de Praga en 1939 y de Varsovia en 1938-39. Los nazis se opusieron al positivismo lógico alegando que era internacionalista, indiferente u hostil a los propósitos de la Nueva Alemania, que muchos de sus propugnadores eran judíos y que el positivismo estrecho no era capaz de comprender la profundidad de conceptos nazis tales como raza, volk –pueblo o nación–, cultura nacional, ciencia nacional, etc. Sin duda los positivistas lógicos que se ocupan extensamente en buscar definiciones exactas y en el análisis de los significados, irritaban a los nazis. Si por ejemplo «la raza nórdica» significa «todos los individuos que tienen ciertas propiedades mensurables o ciertas normas definidas de conducta», comienza a resultar dudoso si el término tiene algún sentido y, según progresa el análisis, puede considerarse que el concepto de raza nórdica no exista en lo absoluto. Pero hasta ese extremo es lo más lejos que llegan los positivismos lógicos. Con pocas y dudosas excepciones son incapaces de mostrar los intereses económicos clasistas que se esconden tras esos pomposos absurdos nazis y, por consiguiente, ayudan muy poco a la lucha contra el fascismo en Alemania o en los demás países.